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LA POLÍTICA ES EL ARTE DE APLICAR EN CADA ÉPOCA AQUELLA PARTE DEL IDEAL  QUE LAS CIRCUNSTANCIAS HACEN POSIBLE.

Antonio Cánovas del Castillo

Alcalde de todos.

Pretender comparar emociones es un ejercicio por encima de todo complicado. En algún momento he intentado comparar las emociones vividas en los que sin duda han sido tres momentos que he sentido con especial intensidad. Son tres fechas: 15 de junio de 1991, 17 de junio de 1995 y 23 de julio de 1999. Por tres veces consecutivas, con un margen de cuatro años en cada ocasión, los ciudadanos de Palma nos han otorgado su confianza para regir el día a día de la ciudad, para zambullirnos diariamente en la problemática de una ciudad como Palma, caracterizada esencialmente por un tremendo dinamismo y una vitalidad que la sitúa en un lugar de vanguardia entre las ciudades del arco mediterráneo.

Repetir que para un político no hay honor mayor que presidir su ciudad puede parecer tópico, pero no lo es. Refleja una realidad indiscutible y, al mismo tiempo, es la constatación de otra afirmación que también hemos oído repetir en multitud de ocasiones, precisamente porque traduce otra realidad cargada de contenido: la política municipal es la primera escuela de política real y, sin duda, la más importante. Cualquier carrera política, entendida como afán de servicio, debería empezar en un ayuntamiento, porque es en la gestión municipal donde el único punto de referencia es la cercanía al ciudadano, a sus problemas y a sus realidades, cada día, sin descanso.

La primera vez que las elecciones me permitieron ofrecer la vara de alcalde a todos mis con-ciudadanos, recordaba una bucólica descripción que de Palma, de la bahía y su entorno, hizo el Archiduque Luís Salvador cuando hablaba de las inmóviles torres, de las doradas montañas azul zafiro, de una silueta diseñada en el éter celeste, de los molinos de viento y de todo aquello que componía la Palma, cuna de culturas, que descubrió desde su barco, y pensaba que el tiempo no transcurre en vano. Aquella idílica ciudad no es la Palma que nos ha tocado vivir.

Pero era la Palma que nos tocaba gobernar, sintiendo entonces la doble emoción de suceder a tantos y tantos nobles e ilustres alcaldes de Palma y haber recibido la confianza de la mayoría de ciudadanos, después de ocho años de haber estado trabajando desde una situación no siempre fácil, como había sido la de la oposición. Había sido la voluntad soberana de los ciudadanos de Palma que decidió que quienes hasta entonces habíamos estado en la oposición, asumiéramos la responsabilidad de gobernar, y quienes habían gobernado desarrollaran a partir de entonces el trabajo de control y vigilancia que, con la mejor voluntad e intención y creo que también con bastan-te acierto, habíamos hecho nosotros.

La alternancia de poder es, entre otras, una de las características de la democracia. Y esa alternancia se dio en Palma porque el ciudadano creyó que nosotros estábamos en mejor disposición de recoger el testimonio de nuestros antecesores.

Pero la democracia no es sólo eso. Tiene muchas otras virtudes y deberes. Uno de estos es, ahora, un derecho: la participación. El gobierno de un ayuntamiento y la administración de un municipio no son un privilegio ni mucho menos algo reservado exclusivamente a una mayoría del consistorio. Son, también, deberes dirigidos a todos los ciudadanos. Todos tienen el derecho y el deber de participar desde sus lugares y con los medios que cada uno pueda tener a su alcance. Por ello, nunca me canso de pedir la participación de todos, de la oposición y del ciudadano de a pie, desde cada individuo en particular hasta todos los colectivos ciudadanos.

Para acceder al cargo con el que se me honraba había pulsado las opiniones de los ciudadanos y lo he seguido haciendo. Había contado con ellos para conocer qué necesitaba la ciudad y aquello a lo que los ciudadanos aspiraban. La ayuda de todos los ciudadanos nos ha permitido seguir adelante.

Sabíamos entonces que los ciudadanos de Palma querían una ciudad más segura, más limpia, más cómoda, con agua que pudiera beberse, con jardines cuidados, con una circulación más fluida y unos transportes mejores. Éramos conscientes de que iban a ser años duros, difíciles y problemáticos, porque nunca se acaba el trabajo en una ciudad como la nuestra. Asumíamos la responsabilidad de la gestión municipal con voluntad de servicio a la ciudad y a los ciudadanos, mediante un diálogo constante y el propósito de convertir el ayuntamiento en una institución viva y dinámica, que fuera el reflejo fiel del dinamismo y la vitalidad de Palma.

No hay peor sordo que el que no quiere escuchar, y, por ello, es fundamental escuchar el cuerpo social. Dinamizar las iniciativas que aporta la propia sociedad civil a través de las entidades ciudadanas, asociaciones de vecinos, asociaciones de comerciantes y culturales, corporaciones e institutos, federaciones deportivas y de la tercera edad. Es decir, un ayuntamiento en sintonía con las preocupaciones de los ciudadanos.

Nuestro primer objetivo era hacer una política de puertas abiertas en Cort, para que los ciudadanos pudieran sentir el Ayuntamiento como el instrumento común para unir esfuerzos y abrir el camino del progreso y el bienestar, porque la vida urbana se hace querer si avanzamos por el camino del progreso y reservamos los espacios necesarios en la memoria colectiva que permitan encadenar la tradición de una ciudad, con muchos siglos de agitada historia, con la realidad cosmopolita del presente. Porque no tendremos futuro si no tenemos clara consciencia de quiénes somos y de dónde venimos, en qué realidades históricas se ha basado nuestro presente para proyectarnos con fuerza hacia el futuro, asumiendo, a la vez, las innovaciones propias de los tiempos sin perder el horizonte de nuestras propias realidades, ni renunciar, por un solo instante, a la defensa de nuestra tradición cultural.

Abrir vías de cooperación y concertación ha sido una constante, para no hacer de la capital una isla en las islas, considerando las instituciones como los auténticos instrumentos de coordinación en el marco de unas competencias bien definidas.

Aquel 15 de junio de 1991, tenía ocasión de expresar también una idea que ha estado, siempre y en todo momento, en la base de todas mis actuaciones: mis compañeros no son únicamente el apoyo a mi tarea, sino el fundamento de toda nuestra actuación. Muchos de ellos tenían la experiencia demostrada durante años de oposición y un conocimiento muy preciso de los problemas que iban a encontrarse sobre la mesa. Partíamos de la confianza y la seguridad plena en su capacidad, dedicación, honradez y voluntad de servicio. Aquel día sólo se vio empañado por una ausencia: entre aquellos compañeros faltaba Margalida Femenías, de la que no quise hacer ningún elogio, porque probablemente si se los hubiera dedicado todos todavía habría faltado alguno. Suele decirse que siempre se van los mejores y debe de ser cierto porque todos estábamos de acuerdo en lo irreparable de su pérdida. No quise recordarla con tristeza, sino con la esperanza del poeta Joan Maragall cuando en su Cant Espiritual dice:

“I quan arribi aquella hora de temença en que s’acluquin aquests ulls humans obriu-me ‘n Senyor, uns altres de més grans per veure la teva faç immensa. Siam la mort una major naixença”.

Palabras de esperanza, como la que he depositado en todo momento en mis colaboradores y compañeros de la oposición para llevar a buen puerto el encargo de los ciudadanos.

El nuestro ha sido siempre un espíritu de trabajo y de diálogo. Suele decirse cuando se toma la vara de alcalde, que se es alcalde de todos. Y así lo manifesté: No soy el alcalde de unos votantes, ni de unos barrios, ni de una clase, ni de un partido: soy y quiero ser un alcalde de todos aquellos que son ciudadanos de Palma. A ellos me dirigía en aquel primer discurso de toma de posesión como alcalde de Palma, ofreciendo mi trabajo y solicitando su ayuda, con unas palabras de Fra Anselm Turmeda:

“Fill, vulles usar lleitat e com pots enten en bondat: ama la honor de la ciutat e de la terra cap de generació la terra és com lo pare”.

El proceso electoral municipal de 1991. Un largo camino

Para mejor entender aquellos momentos, quizás pueda resultar útil recordar algunos párrafos de una intervención habida en la Universitat de les Illes Balears, invitado a participar en un seminario sobre el proceso electoral municipal de 1991:

Para intentar hacer el análisis de la campaña electoral de mayo de 1991, es preciso comenzar con una breve referencia a ocho años de oposición en el ayuntamiento y, sobre todo, a un proceso que podríamos denominar de preparación de la campaña que duró casi ocho meses.

La institución municipal tiene un marcado carácter presidencialista, que viene determinado por la propia estructura de la institución y su regulación legal, lo cual dificulta enormemente la conexión de los mensajes que puedan generarse desde la oposición con la opinión pública. En ocasiones por una simple cuestión de cantidad, es decir, la información que se genera desde el gobierno municipal siempre resulta muy superior a las iniciativas que pueden publicitarse desde la oposición.

En este contexto debe situarse el planteamiento de un largo período de preparación de la campaña que constituyó un verdadero programa de acercamiento de los ciudadanos a la actividad municipal, buscando no tanto la identificación con una frase electoral, como el interés de los ciudadanos por la gestión pública. Pensábamos que intentar abrir la institución municipal a la participación de los ciudadanos era más importante que no ir a buscar directamente una respuesta afirmativa a una frase hecha para ser utilizada durante quince días de campaña electoral. El comienzo de ese proceso podríamos situarlo en el mes de septiembre de 1990.

Entonces se hizo un primer sondeo de opinión, mediante el que pretendíamos conocer la opinión de los vecinos acerca de su barriada, los problemas más percibidos como propios, las mejoras a introducir y el orden de prioridades para aplicar las soluciones. Las referencias concretas a cada barriada se completaron con otra tanda de cuestiones referidas a problemas generales de Palma. Este primer sondeo se completó con un segundo trabajo de campo, de una naturaleza más directamente política.

El análisis de los datos obtenidos con el primer sondeo nos aportó una primera batería de preocupaciones de los ciudadanos de Palma que, de manera esquemática, eran éstas:

Inseguridad ciudadana. Era una preocupación altamente generalizada y se hacía una especial incidencia en la demanda de un incremento de la vigilancia nocturna.

El tráfico. La encuesta ofrecía una importante conclusión. La tremenda falta de aparcamientos que incidía negativamente en la evolución del tráfico en la ciudad.

La limpieza de la ciudad. Se consideraba un problema muy próximo en tanto en cuanto se incidía más en la limpieza de la propia barriada y no en la situación general.

Los ruidos, como expresión de la degradación de la calidad de vida. Y, finalmente,

Las drogas. Una problemática que no era considerada grave colectivamente, excepto en aquellos casos de ciudadanos directamente afectados por el problema.

Había, todavía, una segunda batería de problemas que la encuesta situaba en un orden menor de urgencia, destacando, sin embargo, su importancia: calidad del agua potable, estado y

número de parques y jardines, alumbrado público, zonas deportivas, y lugares de ocio y esparcimiento para la tercera edad.

Un tercer elemento de preocupación ciudadana estaba relacionado con la política urbanística municipal, pero sin demasiadas concreciones, con una cierta ambigüedad a la hora de su manifestación, a excepción de dos realidades evidentes: la crispada situación de las llamadas parcelaciones irregulares y el cobro de las contribuciones especiales en la mayoría de las barriadas afectadas por las mismas.

El análisis y los resultados de la encuesta se hizo por segmentos de edad y por zonas de la ciudad, dividida en agrupaciones de barriadas, hasta un total de diez zonas.

El segundo trabajo de campo planteó cuestiones más directamente políticas, con el fin de definir el conocimiento y aceptación de cada candidato y de cada opción política presente en la escena local. En este sentido, quiero destacar que se trabajaba con un alto grado de incertidumbre a causa de la presencia de diferentes opciones que se proclamaban de centro político. Recordemos que eran momentos en los que no estaba claro cuántas opciones de centro concurrirían a la cita electoral.

En lo que se refiere al conocimiento, como oposición, se identificaba mayoritariamente al Partido Popular, con una imagen aceptable y un grado de identificación entre candidato y partido menos considerable que en el caso de otras formaciones. Es decir, los ciudadanos que afirmaban conocer a Joan Fageda, lo identificaban con el Partido Popular, pero no todos los que pensaban en el Partido Popular identificaban a Joan Fageda.

Todos los datos obtenidos fueron relacionados con el análisis detallado de los resultados de las elecciones anteriores, las de 1987, que ya entonces habían arrojado el resultado de haber sido la candidatura del Partido Popular la más votada.

Estos trabajos nos permitieron elaborar un catálogo de cuestiones muy concretas, respecto de las que pensábamos que era posible movilizar a los ciudadanos. Las ideas, de manera muy esquemática, eran éstas: eficacia, seguridad ciudadana, limpieza, tráfico, drogodependencias, calidad del agua, urbanismo y apoyo a colectivos diversos y a manifestaciones culturales y populares. El contenido exacto de estos mensajes se concretó por zonas y barrios, de forma que buscábamos la comunicación con los ciudadanos a partir de un conocimiento exacto de los problemas, unos planteamientos muy claros para las soluciones y, sobre todo, un talante de diálogo, trabajo y eficacia.

Por otra parte, la dificultad inicial de acceso a los medios de comunicación se venció con una presencia constante en barrios, agrupaciones culturales, deportivas y profesionales, llegando incluso a comunidades de vecinos. En aquel momento se incidió especialmente en aquellos barrios en los que habíamos detectado un menor conocimiento de nuestros mensajes.

Con sinceridad, pienso que el catálogo de problemas elaborado a partir de los datos recogidos en todas las barriadas de Palma permitió concretar nuestro objetivo inicial: interesar a los ciudadanos en los problemas comunes de la ciudad y en la vida municipal. En este sentido, creo que conseguimos crear una cierta conciencia de ciudad, de poder pensar en cuestiones generales a partir de los problemas más próximos y cotidianos, con un diálogo abierto y directo con mucha, muchísima gente.

En una última fase, todas estas actuaciones fueron complementadas con la intervención de un equipo de personas que, telefónicamente, informaban a los ciudadanos de las visitas a los barrios y de los actos que se organizaban, al tiempo que se invitaba a la participación y al análisis conjunto de los problemas de cada barriada.

En este proceso, los medios de comunicación desarrollaron un papel que podríamos calificar como de consolidación de los mensajes. La referencia periodística de nuestros actos públicos venía a concretar la idea que habíamos expuesto directamente a los ciudadanos. Es decir, la conversación que habíamos mantenido con un determinado número de vecinos, resultaba amplificada median-te la referencia en los periódicos, la radio y la televisión. Se originaba así un efecto multiplicador del mensaje en el sentido antes mencionado de movilización de los ciudadanos con respecto a la gestión de los intereses públicos.

Los resultados de este planteamiento de trabajo conjunto nos llevaron a la asunción de la más alta responsabilidad de gestión en nuestra ciudad.

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